P. Chaminade

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Marianistas en México

BEATO GUILLERMO JOSE CHAMINADE.

Hombre de Fe 

Hacia el sur de Burdeos una carretera, a través de los Pirineos, nos lleva a España. Ésta fue la carretera que siguió el Padre Guillermo José Chaminade, camino de su destierro, en el mes de septiembre de 1797.

Era un sacerdote francés disfrazado, que escapaba de los enemigos de la Iglesia, que dominaba su país de nacimiento. Existía el peligro inminente de ser detenido.Ya había habido mártires entre otros sacerdotes. Pero el Padre Chaminade no perdía la paz interior. Era un hombre de fe.
La noche anterior a este viaje, camino del destierro, escribió lo siguiente:

“¿Qué tiene que hacer un hombre de fe en el caos de acontecimientos que parecen superarlo? Debe mantenerse tranquilo, apoyarse en la fe. La fe le hará adorar los planes eternos de Dios. La fe le asegurará que a los que tienen a Dios cerca, todo estará orientado a su bien”.

La Visión

El Padre Chaminade fijó su residencia en Zaragoza, cerca del santuario de Nuestra Señora del Pilar, a la espera del final de su destierro. Aquí se dedicó a la oración y a planificar su futuro trabajo. Y aquí recibió un mensaje especial de parte de Nuestra Señora. Tenía que ser misionero de María. Tenía que fundar una congregación religiosa para que trabajara por medio de ella con la misión de restablecer la fe en Francia.  La inspiración dada al Padre Chaminade fue tan viva y detallada, que años más tarde pudo decir a sus primeros religiosos: “Lo mismo que os veo ahora delante de mí, así os vi en espíritu en Zaragoza, mucho antes de la fundación de la Compañía. Fue María la que concibió el proyecto de la Compañía. Fue ella la que echó sus cimientos y continuará su presencia en ella”.

Dos de las oraciones favoritas del Padre Chaminade revelan la intensidad de su amor a Dios y a María. Sea hecha, alabada y eternamente exaltada la justísima, altísima y amabilísima voluntad de Dios en todas las cosas.

Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean glorificados en todas partes por la Inmaculada Virgen María.


El inicio del trabajo…


El Padre Chaminade volvió a Burdeos en el año 1800. Allí fundó las Congregaciones de Nuestra Señora, que extendieron su influencia a toda Francia. Se consideró a sí mimo como misionero de María. Con un gran amor por nuestra Madre Bendita, se rodeó de hombres y mujeres que dedicaron su vida a su servicio. Trabajando juntos, estos hombres y mujeres de fe empezaron a reconstruir la Iglesia, que había sido destruida. La Compañía de María y las Hijas de María nacieron de las congregaciones del Padre Chaminade. Estos grupos continúan consagrando su trabajo a María a través de todos los países del mundo. El trabajo del Padre Chaminade era el trabajo de María, y sigue siéndolo en nuestros tiempos. Y las palabras de fe de este hombre siguen hablándonos a nosotros.

Desde la capilla de la Magdalena, la gracia manaba como de una fuente, que extendía su influencia y su frescura a toda la ciudad de Burdeos y al sur de Francia. Hoy, la Magdalena, en el viejo Burdeos, sigue siendo un centro de vida cristiana. En ella, los marianistas, sacerdotes y hermanos, miembros de la congregación religiosa fundada por el Padre Chaminade, ofrecen su ministerio a la gente. Muchos llegan para rezar, para recibir los sacramentos o sencillamente, para recibir refrigerio espiritual.


Todo tipo de gente envuelta…

Desde el principio, el Padre Chaminade invitó a gente de origen muy diferente a trabajar con él.

Había esposos, maestros, hombres de negocios, jóvenes de ambos sexos, seminaristas, sacerdotes y representantes de todas las clases sociales.

El Padre Chaminade llamó a este grupo La Familia de María. La característica que más resaltaba en todos sus miembros era el profundo espíritu de fe. Para el Padre Chaminade, la fe se expresa más fácilmente con la mayor perfección en la imitación de Cristo:
“Un verdadero cristiano no puede vivir otra vida que no sea la de nuestro Señor Jesús. Cuando intentamos imitarle, los planes divinos sobre nosotros llegan a su cumplimiento en nuestras vidas. La Santísima Virgen es nuestro modelo. Ella es una copia exacta de su hijo Jesús. Cuando seamos devotos de María, imitaremos a Jesús”.

Debéis Saborear lo que creéis.  – Padre Chaminade 

La importancia de María

El Padre Chaminade jamás se cansaba de hablar de la Virgen fuerte y victoriosa, la madre de Cristo:
“Jesús la hizo compañera de su trabajo y de su alegría, de su predicación y de su muerte.
María tuvo parte en los misterios gloriosos, gozosos y dolorosos de Jesús.
El depósito de la fe se halla íntegramente en María, Al pie de la cruz representó a toda la Iglesia.
Los misterios anunciados a María se cumplieron porque Ella siempre creyó”.

Historia de la causa de beatificación

El Padre Chaminade murió el 22 de enero de 1850. Fue enterrado en el cementerio de la Cartuja, en Burdeos. En 1871 sus restos fueron cambiados desde el enterramiento de los sacerdotes, a una parcela cuadrada, en la que se erigió un monumento en su honor. El padre Juan Lalanne, el primer marianista, se expresaba así en esta ocasión: “Fuimos testigos durante nuestra juventud de su vida y sus palabras. Afirmamos que jamás le vimos emplear un día, ni siquiera una sola hora en algo que no hiciera referencia directa a Dios y a la salvación de las almas”.
Muy pronto la gente empezó a acercarse a la tumba. Algunos lo recordaban como un anciano sacerdote santo. Otros sólo sabían que allí estaba enterrado un hombre santo.

En 1973, el Papa Pablo VI proclamó que el Padre Chaminade había practicado la virtud en grado heroico.

Esta proclamación de la Iglesia era el paso oficial hacia la beatificación y canonización del Padre Chaminade.

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